Genu valgo

El genu valgo (también conocido como rodilla valga o piernas en X) es una deformidad de la pierna caracterizada por la aducción (la rodilla se desplaza hacia dentro) y rotación interna de la cadera: con los muslos paralelos, los tobillos permanecen separados entre sí.
Durante los primeros 18 meses de vida, los niños tienen la rodilla vara (hacia fuera).
Esto también se observa en las personas que juegan al fútbol.

En los niños de entre 18 y 24 meses, las articulaciones de la cadera, rodilla y tobillo son normales o rectas (las piernas son paralelas). Entre los 2 y 5 años, la alineación en valgo (hacia dentro) es habitual. Luego, se produce una realineación de manera natural.

Esta deformidad es más común en las mujeres, aunque también puede afectar a los hombres.
Por lo general es bilateral, es decir se produce en ambas rodillas.
La malformación se aprecia a los 2-3 años de edad y puede empeorar hasta los 4 años. El genu valgo puede corregirse por sí solo hasta los 7-8 años. En raras ocasiones, la malformación persiste hasta la adolescencia.

Antes de los 6 años, el niño requiere un examen médico. De lo contrario puede producirse una deformación del hueso (genu valgo patológico).
La malformación puede llegar a ser grave.
La obesidad es perjudicial para las rodillas y puede provocar problemas para caminar.

Complicaciones y consecuencias del genu valgo

En general, los jóvenes no suelen tener problemas. En cambio, los adultos y las personas ancianas pueden experimentar un desgaste del cartílago y del menisco externo, por lo que podrían desarrollar artrosis, sobre todo en la zona lateral de la rodilla.

¿Por qué se produce el genu valgo? ¿Cuáles son las causas?

Los estudios afirman que el genu valgo depende de cuatro factores específicos. A continuación, se presentan estos factores del más probable al menos probable.

1. Falta de fuerza en la cadera
La debilidad muscular en los glúteos (glúteo menor, glúteo medio, glúteo mayor y músculos rotadores externos de la cadera), junto con la hipertonía de los abductores, impide la estabilización del fémur. La cadera se desplaza hacia adentro y rota internamente. Cuando los abductores son más fuertes que los rotadores externos (glúteos/cadera), la rodilla tiende a dirigirse hacia afuera (valgo).

2. Rigidez en los tobillos
La reducción de la flexión dorsal del tobillo (levantar la punta del pie) y la debilidad de los músculos gastrocnemio, sóleo y tibial anterior impide estirar la pierna lo suficiente como para caminar correctamente. Esto provoca la pronación del pie (el pie rota hacia fuera y el tobillo hacia dentro), lo que conlleva la rotación interna y aducción de la cadera. El resultado es el genu valgo.

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3. Debilidad del cuádriceps
Cuando el vasto medial oblicuo (VMO) está debilitado no puede estabilizar la rodilla, lo que provoca estrabismo rotuliano (la rótula sobresale hacia afuera) y la rodilla tiende a dirigirse hacia adentro (valgo).

4. Debilidad de los músculos isquiocrurales
La debilidad de los músculos mediales y posteriores del muslo (semimembranoso y semitendinoso) no permite la correcta estabilización de la rodilla. La articulación se desplaza en dirección medial (similar a lo que sucede con el VMO), pero en la parte posterior del muslo.
La rodilla valga se origina por una combinación de estos factores. Sin embargo, cuando se produce una deformidad, no se trata solo de un trastorno ortopédico (fuerza y flexibilidad muscular), sino también nervioso.

¿Existen otros factores que favorecen el genu valgo?

La anatomía juega un papel importante en el desarrollo del genu valgo. Los factores que afectan a la rodilla son:

  • Amplitud de la pelvis
  • Ángulo acetabular (parte de la pelvis en la que se inserta el fémur)
  • Forma del fémur
  • Estructura de la rodilla
  • Conformación de la tibia
  • Forma del tobillo
  • Tamaño del pie
  • Laxitud de los ligamentos

Algunos individuos son más propensos a padecer genu valgo.
No hay que olvidar que este trastorno tiene su origen en una fuerza insuficiente de la cadera o una movilidad limitada del tobillo.

Síntomas del genu valgo

Por lo general, el genu valgo es asintomático durante muchos años, aunque a largo plazo puede provocar dolor de rodilla en la parte interior. La persona afectada camina con las rodillas muy cerca una de la otra. En caso de genu valgo unilateral, cuando la malformación solo afecta a una rodilla, el paciente tiene una postura anormal y su espalda oscila de una lado a otro.
También disminuye la estabilidad de la rodilla.

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Diagnóstico de genu valgo

El genu valgo se diagnostica midiendo la distancia intermaleolar (distancia entre los maléolos de los tobillos) con las rodillas juntas:
1° grado (fisiológico) hasta 2,5 centímetros
2° grado (leve) entre 2,5 y 5 centímetros
3° grado (moderado) entre 5 y 7,5 centímetros
4° grado (grave) más de 7,5 centímetros

¿Qué hacer? ¿Cómo se cura el genu valgo?

Entre los remedios naturales se pueden realizar algunos ejercicios correctivos en el gimnasio o en casa:

1° Ejercicio
Tumbados sobre el lado de la rodilla afectada, doblar la pierna sana en ángulo recto y colocar el pie frente a la rodilla valga. Luego, extender la pierna en contacto con el suelo, manteniendo el pie en martillo.
A continuación, levantar la pierna en contacto con el suelo, manteniéndola siempre estirada (el siente el cansancio en la cara interna del muslo).
Repetir 10-12 veces y cambiar de pierna.

2° Ejercicio
En posición sentada, con una pelota colocada entre las rodillas, aducir las piernas (acercar las rodillas) y apretar la pelota.
Repetir 10 veces.

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3° Ejercicio
El ejercicio comienza con el paciente tumbado en posición supina (boca arriba). Levantar ambas piernas manteniendo las rodillas juntas y estiradas. Abrir y cerrar las piernas cuando éstas forman un ángulo recto con la espalda. Realizar 10-12 repeticiones, luego descansar durante 30-40 segundos. Repetir 3 veces.

4° Ejercicio
Este ejercicio es similar al anterior. En posición supina, levantar una pierna. Se aconseja doblar la otra pierna para no forzar la espalda. Con la pierna levantada, realizar 5-8 círculos (como si estuviéramos dibujando una O) en sentido de las agujas del reloj y 5-8 círculos en sentido contrario a las agujas del reloj. Realizar el mismo ejercicio con la otra pierna.

Se deben evitar los ejercicios para fortalecer los músculos externos del muslo (abductores).

Entre los deportes permitidos, se encuentran el ciclismo y la natación con una intensidad moderada.
En caso de genu valgo grave, se recomienda no correr.

El ortopédico suele recomendar el uso de una rodillera rígida para mantener la articulación en su eje, pero los niños (e incluso los adultos) no son capaces de aguantar mucho tiempo.
El médico también puede recomendar el uso de una plantilla ortopédica para corregir el punto de apoyo del pie y mejorar la alineación de la rodilla.

La osteopatía es un tipo de terapia manual que puede mejorar la alineación de la rodilla, ya que elimina las contracturas musculares y libera las articulaciones.

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Intervención quirúrgica para el genu valgo

¿Cuándo operar?
Cuando el genu valgo supera los 8°, el ortopédico recomienda la intervención quirúrgica.

Osteotomía
Entre las soluciones para las rodillas valgas, se encuentra la osteotomía proximal (alta) de la tibia, que sirve para realinear la rodilla y aumentar su fuerza.
La osteotomía en cuña es una operación a cielo abierto que se realiza desde hace 30 años. El cirujano extrae una cuña de la parte lateral de la tibia.

En los últimos años, la osteotomía en cuña se realiza con placas de fijación resistentes. El médico corta la tibia, realinea la rodilla y llena el vacío con un injerto autólogo (cresta ilíaca) o sintético (hidroxiapatita).
Esta técnica preserva la anatomía proximal de la tibia y el tejido óseo, lo que permite una intervención posterior de prótesis de rodilla y una corrección de la articulación más precisa. Además, evita la lesión del nervio peroneo y de la articulación femororrotuliana.

Técnica quirúrgica
El paciente se coloca en posición supina y se prepara para la operación. Se realiza una artroscopia para evaluar los meniscos y el cartílago articular.

Durante la cirugía, el médico realiza una incisión vertical sobre la inserción de la pata de ganso, entre el borde medial del ligamento rotuliano y el borde posterior de la tibia.
Se abre el músculo sartorio para exponer el bíceps femoral.
Se inserta un “alambre guía” en la parte proximal de la tibia, desde adentro hacia afuera.

osteotomia de rodilla

La guía se posiciona a la altura de la tuberosidad tibial y penetra de forma oblicua aproximadamente 1 centímetro.
El alambre guía termina por debajo de la línea articular (espacio entre dos huesos), en la parte lateral de la tibia.
La osteotomía se realiza con una sierra quirúrgica siguiendo el alambre guía para prevenir una fractura articular. Cuando la osteotomía está casi completa, el cirujano fija las dos cuñas con tornillos.
Una guía garantiza que la parte de la tibia que soporta el peso no esté dañada.

La placa se fija en la parte superior con tornillos de 6-7 milímetros y en la inferior con tornillos de 4-7 milímetros.
La cresta ilíaca o el soporte sintético se insertan a través de la cuña de abertura para evitar la pseudoartrosis o una mala consolidación.

Recuperación postoperatoria de genu valgo

La hospitalización se extiende entre 2 y 5 días en la unidad de ortopedia.

La fijación interna permite al paciente empezar de inmediato los ejercicios de fisioterapia y rehabilitación, así como una rápida recuperación.
La amplitud de movimiento es suficiente para empezar el refuerzo.

El fisioterapeuta moviliza el miembro inferior el día después de la intervención.
Se empieza la movilización pasiva/activa con la pierna extendida. La prótesis se retira el segundo día y a partir de ese momento se puede extender la pierna.

Ejercicio de rehabilitación para el genu valgo

Al principio, la fisioterapia debe ser pasiva, aunque el paciente debe trabajar de manera activa lo antes posible.
En la última parte de la rehabilitación, es necesario reforzar los músculos con algunos aparatos de rehabilitación: extensor de piernas, prensa de piernas y curl de piernas.

La rehabilitación no debe incluir pesas en las tres primeras semanas, al menos hasta la radiografía.
El paciente empieza a caminar sin muletas al final del tercer mes.

Una rehabilitación correcta refuerza y extiende los músculos, mejorando la coordinación y la marcha.