Cáncer de cuello de útero

El cáncer de cuello uterino es un tumor maligno que puede afectar a las células del cérvix del útero (la parte baja del útero que se une con la vagina) o el endometrio.
Este artículo habla sobre el cáncer cervical, es decir, del cérvix del útero o cuello del útero.
Generalmente, el cáncer cervical se desarrolla lentamente.
Empieza como una alteración precancerosa llamada displasia.
Esta alteración puede detectarse por medio de una citologia vaginal y es 100 % curable. Sin embargo, si pasan años sin tratar esta afección, esta puede convertirse en cáncer de cérvix.


Hoy en día, la mayoría de las mujeres a las que se les ha diagnosticado cáncer de cérvix del útero no se han realizado exámenes de citologia vaginal de rutina.

 

Tipos de cáncer de cérvix del útero 

© vgstudio - Fotolia.com
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Existen dos tipos principales de cáncer de cérvix del útero:

  1. Carcinoma de células escamosas– es el más común, comienza en la células que revisten la superficie externa del cuello uterino. Generalmente, la citologia vaginal detecta los primeros cambios de las células que pueden provocar el carcinoma de células escamosas.
  2. Adenocarcinoma – este tipo de cáncer cervical es menos común. Se origina en las células de las glándulas situadas en el canal cervical. La citología vaginal no puede detectar fácilmente las primeras alteraciones que provocan este tipo de tumor.

 

¿Cuáles son las causas del cáncer cervical?

 Casi todos los tumores cervicales están causados por el VPH (virus de papiloma humano). El VPH es un virus común que se transmite por vía sexual. Existen varios tipos de VPH. Algunos de estos subtipos provocan cáncer cervical, mientras que otros provocan verrugas genitales y otros subtipos no provocan ninguna afección.
Se puede ser portador del VPH durante años y no saberlo. El virus permanece en el cuerpo y puede provocar cáncer de cérvix del útero años después de haber contraído la infección. Por esta razón es muy importante realizarse citologías regulares. Una citología puede detectar las alteraciones en las células cervicales antes de que se transformen en cáncer.
Las mujeres vírgenes tienen muy pocas probabilidades de padecer de cáncer de cuello del útero.

 

Factores de riesgo de cáncer de cérvix del útero

Algunos factores como fumar, pueden aumentar el riesgo de desarrollar cáncer cervical en las mujeres que han contraído el VPH.
Es posible reducir el riesgo de desarrollar cáncer de cérvix del útero si se realizan exámenes de detección rutinarios.
Si las alteraciones de las células cervicales se encuentran en la etapa inicial, el cáncer puede prevenirse eliminando o suprimiendo las células alteradas, antes de que sea demasiado tarde.
Otra manera de reducir el riesgo de desarrollar cáncer cervical es aplicarse la vacuna contra el virus del papiloma antes de volverse sexualmente activa.

 

Síntomas del cáncer de cérvix del útero

En la mayoría de los casos, el cáncer cervical en los primeros estadios no presenta síntomas.
Los síntomas del cáncer del cuello uterino son:

Sangrado anormal
Las mujeres con cáncer cervical pueden tener un sangrado vaginal anormal que puede ser leve o abundante.

Perdidas abundantes
Un aumento de perdidas vaginales abundantes es un síntoma del cáncer cervical. El flujo puede ser con olor fétido, acuoso, denso o formado por moco.

Dolor pélvico
El dolor pélvico no relacionado con la menstruación normal puede ser un síntoma de cáncer cervical. Muchas mujeres lo describen como un dolor sordo o agudo y puede durar varias horas.

Micción dolorosa
El dolor al orinar puede ser un síntoma de cáncer cervical avanzado. Este síntoma de cáncer cervical se presenta generalmente cuando el cáncer ha hecho metástasis en la vejiga.

Sangrado entre periodos menstruales, sangrado después del coito o durante el examen pélvico.
Esto está causado por la irritación del cuello del útero durante dichas actividades. Aunque el cérvix sano puede provocar una pequeña cantidad de pérdidas hemáticas, muchas afecciones pueden provocar sangrado tras algunas actividades, como las actividades sexuales.

El cáncer de cérvix del útero puede extenderse a la vejiga, al intestino, a los pulmones y al hígado. A menudo, no se presentan problemas hasta que el cáncer está avanzado y se ha difundido. Los síntomas del cáncer cervical avanzado son:

  • Dolor de espalda
  • Dolor de huesos
  • Fatiga
  • Pérdidas de orina o de heces por la vagina
  • Dolor de piernas
  • Pérdida del apetito
  • Dolor pélvico
  • Inflamación de una sola pierna
  • Pérdida de peso

 

Diagnóstico del cáncer cervical

Si se sospecha un cáncer de cérvix es necesario consultar a un ginecólogo (un especialista en el tratamiento de enfermedades del sistema reproductor femenino).
Si los resultados de la citología vaginal muestran anomalías en las células del cuello uterino, es necesario recurrir a un médico.

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Sin embargo, en la mayoría de los casos, la detección de anomalías no significa que la persona padezca de cáncer cervical.
La infección de trasmisión sexual por clamidia es una de las causas principales de las pérdidas hemáticas vaginales en las mujeres.
El médico puede aconsejar que se realice un examen para detectar enfermedades venéreas, antes de prescribir una citología vaginal.
El examen de clamidia consiste en tomar una pequeña muestra del tejido del cérvix o en un examen de orina.


Colposcopia
Generalmente, tras la detección de una cérvix anormal, si el resultado de los exámenes o si los síntomas indican que puede tratarse de cáncer cervical, el ginecólogo efectúa una colposcopia. La colposcopia es un examen del interior de la vagina para detectar posibles anomalías del cuello uterino.
En una colposcopia, se utiliza un pequeño microscopio (colposcopio) con una luz situada en la punta. Además de examinar el cuello del útero, el ginecólogo puede tomar una pequeña muestra de tejido (biopsia) para observar en el microscopio si existen células cancerosas.

Biopsia
Si el ginecólogo no logra observar correctamente el cuello del útero ustilizando el colposcopio, podría ser necesaria una biospsia.
Se trata de una pequeña intervención con anestesia que se realiza en el hospital para obtener una muestra de las células del cérvix.
Puede haber sangrado vaginal por hasta cinco semanas después de la intervención.

Otros exámenes
Si por el resultado de la biopsia se sospecha un cáncer cervical y si existe el riesgo de que el tumor se extienda, tal vez sea necesario efectuar otros exámenes para valorar hasta qué punto se ha extendido el cáncer.
Estos exámenes pueden ser:

  • Un examen pélvico sin anestesia general para examinar el útero, la vagina, el recto y la vejiga.
  • Análisis de sangre que se realizan para ayudar a evaluar el estado del hígado, los riñones y la médula ósea.
  • El TAC es muy útil para detectar rastros de tumores cancerosos y para detectar si las células cancerosas se han difundido.
  • Resonancia magnética (RMN), este tipo de examen utiliza campos magnéticos fuertes y ondas de radio para producir imágenes detalladas del interior del cuerpo, también puede ser empleado para detectar si el cáncer se ha extendido.
  • PET, este examen es similar a una RMN a excepción de que muestra cómo están trabajando algunas partes del cuerpo. Puede ser empleado para observar cómo responde el cuerpo al tratamiento.

cáncer-de-cuello-uterinoLa estadificación del cáncer del cuello uterino es la siguiente:

  • Estadio cero (precanceroso) – no hay células cancerosas del cérvix pero se presentan alteraciones biológicas que podrían provocar el desarrollo del cáncer en el futuro. Este estadio se conoce como neoplasia intraepitelial cervical (CIN),
  • Primer estadio – el cáncer todavía está limitado al cérvix,
  • Segundo estadio – el cáncer se ha extendido por fuera del cérvix en la parte superior de la vagina o del tejido que la rodea,
  • Tercer estadio – el cáncer se ha extendido a la parte inferior de la vagina y/o a los tejidos de la pelvis.
  • Cuarto estadio – el cáncer se ha extendido al intestino, a los nodos linfáticos, a la vejiga y, en casos avanzados, también a los pulmones.

 

¿Cuáles son las instrucciones para el tratamiento del cáncer de cuello del útero?

Las opciones para el tratamiento pueden ser la intervención quirúrgica, la radioterapia, la quimioterapia o una combinación de dichos tratamientos. El tratamiento más adecuado depende de diferentes factores, como por ejemplo, el estadio del cáncer y las condiciones generales de salud.

El especialista tiene la capacidad de explicar las ventajas y desventajas de las diferentes terapias, la probabilidad de que funcionen, los posibles efectos secundarios y otros detalles de las terapias, según el estadio del tumor.
También es necesario hablar con el especialista sobre los objetivos del tratamiento.
Por ejemplo:
En algunos casos, el objetivo del tratamiento es el de mantener el cáncer bajo control.
Un tratamiento no resolutivo puede, de todas maneras, limitar el crecimiento o la difusión del cáncer. De esta manera los síntomas pueden prevenirse por un tiempo.
En los casos más graves, el tratamiento es útil para atenuar los síntomas. Por ejemplo, si se trata de un cáncer avanzado, se pueden usar analgésicos u otros tratamientos para ayudar a evitar el dolor y otros síntomas. Algunos tratamientos sirven para reducir el tamaño del cáncer.

 

Intervención quirúrgica para el cáncer del cuello uterino

La intervención para extirpar el cérvix y el útero (histerectomía) es un tratamiento común. Si en la primera fase el tumor no se ha difundido, la cirugía, por sí sola, puede ser resolutiva.
Si el tumor está en la fase inicial, puede extirparse solamente la zona del cuello uterino que ha sido afectada por el cáncer, sin extirpar el resto del útero. Esto significa que la mujer conserva la posibilidad de tener hijos.

Si el tumor se ha difundido a otras partes del cuerpo, aún se puede recomendar la cirugía, a menudo acompañada de otros tratamientos. Por ejemplo, en los casos en los que el tumor se ha difundido en los alrededores, la intervención quirúrgica puede considerarse una opción.

histeroctomía
Esto también se puede realizar para extirpar el tumor de la vejiga, del intestino, de los nodos linfáticos, de las trombas y de los ovarios.
Aunque el cáncer esté avanzado y el tratamiento no sea resolutivo, algunas técnicas quirúrgicas pueden ser útiles para aliviar los síntomas. Por ejemplo, para aliviar la obstrucción intestinal o la de las vías urinarias causada por la difusión del cáncer.

 

Radioterapia para el cáncer del cuello uterino

La radioterapia es un tratamiento que emplea un haz de alta energía de radiación que se concentra en el tejido canceroso.
Esto elimina las células tumorales o interrumpe su multiplicación.
La radioterapia por sí sola puede lograr que retroceda el cáncer cervical en la etapa inicial y puede ser una alternativa a la cirugía. Para los tumores en etapa más avanzada se recomienda la radioterapia acompañada de otros tratamientos.

 

Quimioterapia  para el cáncer del cuello uterino

Este es un tratamiento con medicamentos anti-cáncer que eliminan las células tumorales o impiden su multiplicación. En algunos casos, la quimioterapia se puede prescribir junto con la radioterapia o con la cirugía.

 

Vacuna contra el cáncer del cuello uterino

Actualmente, existen dos vacunas disponibles para prevenir el cáncer cervical. Ambas impiden la infección de dos tipos del virus papiloma, el tipo 16 y el 18. Estos dos tipos causan cerca del 70 % de los tumores de cérvix uterino. Uno de estos medicamentos, el Gardasil ®, también protege contra los tipos 6 y 11, que causan verrugas genitales.
La vacuna brinda una mayor protección si se completa el ciclo antes de que la mujer se vuelva sexualmente activa.
Deben completarse las tres dosis de la vacuna Gardasil ®. Una dosis cada dos meses.

 

Pronóstico, supervicencia y mortalidad para la paciente con cáncer del cuello uterino

La probabilidad de supervivencia es mayor si el tumor se diagnostica cuando está limitado al cérvix y aún no se ha difundido. En esta situación el tratamiento brinda buenas probabilidades de cura a 8 o 9 mujeres sobre 10. Para las mujeres a las que se les diagnotica el cáncer cuando ya se ha difundido, la probabilidad de que el tratamiento funcione es menor, aunque sigue siendo posible que sea efectivo.

Los datos del 2003 en Italia muestran que la tasa de supervivencia a un año es del 95 % aproximadamente para las mujeres menores de 45 años y del 72 % para las mujeres mayore de 75 años.
La tasa de supervivencia a cinco años depende aún más de la edad, para las mujeres entre los 15 y los 45 años la tasa de supervivencia a cinco años es del 80 % mientras que para las mujeres mayores de 75 años el porcentaje es del 37 %.