Cirrosis hepática

 

La cirrosis hepática es una enfermedad de progresión lenta, en la que el tejido del hígado se sustituye por tejido cicatricial (fibrosis), impidiendo que el hígado funcione correctamente.

Las enfermedades que conducen a la cirrosis dañan y destruyen las células del hígado, el cuerpo responde provocando una inflamación y un intento de reparación que da lugar a la formación de tejido cicatricial.
Las células del hígado que no mueren se multiplican tratando de reemplazar las células muertas.

 Como consecuencia, se obtiene un grupo de células hepáticas recién nacidas (nódulos de regeneración) dentro del tejido cicatricial.

Clasificación

La cirrosis se divide en dos fases: compensada y descompensada.

  1. La cirrosis compensada implica que el cuerpo aún funciona bastante bien, a pesar de los daños en el hígado. Muchas personas con cirrosis compensada presentan pocos o ningún síntoma.
  2. La cirrosis descompensada significa que la fibrosis hepática ha dañado e interrumpido las funciones esenciales del cuerpo. Los pacientes con cirrosis descompensada desarrollan síntomas graves y complicaciones fatales.

La cirrosis biliar primaria es una enfermedad en la que los conductos biliares del hígado se destruyen lentamente.
La bilis es un líquido producido en el hígado que ayuda a digerir la comida y deshacerse de los glóbulos rojos degradados, del colesterol y de las toxinas.
En la cirrosis biliar primaria, los conductos biliares están dañados y las sustancias nocivas pueden acumularse en el hígado, dando como resultado la formación de tejido cicatricial en el hígado.

La cirrosis biliar secundaria es una enfermedad en la que los conductos biliares no consiguen transportar eficazmente la bilis debido a una causa secundaria que provoca obstrucción, inflamación, cicatrización u otros daños a los conductos biliares.

Por último, la cirrosis de Laennec es un tipo de cirrosis del hígado caracterizada por un aspecto nodular de la superficie del hígado y asociado al alcoholismo.

¿Por qué la cirrosis provoca problemas de salud?

El tejido cicatricial altera la capacidad del hígado para:

  • Luchar contra las infecciones
  • Eliminar las toxinas de la sangre
  • Procesar las sustancias nutritivas, hormonas y medicamentos
  • Producir las proteínas que regulan la coagulación de la sangre
  • Producir la bilis para ayudar a absorber las grasas y las vitaminas liposolubles

Un hígado sano es capaz de regenerar la mayoría de sus células cuando se dañan. En la etapa final de la cirrosis, el hígado puede que no sea capaz de reemplazar las células muertas.
En caso de cirrosis hepática hipertrófica, el hígado aumenta su volumen, mientras que si se trata de cirrosis atrófica el hígado reduce su tamaño.

Causas de cirrosis hepática

Cirrosis alcohólica
El consumo excesivo y crónico de alcohol es la causa más común de la cirrosis hepática.
Es importante tener en cuenta que la cantidad de alcohol que daña el hígado puede variar de una persona a otra. Si una mujer sana bebe la misma cantidad de alcohol que un hombre sano, ésta presenta un mayor riesgo de padecer cirrosis.
Los niños son particularmente sensibles a los daños ocasionados por el alcohol. Asimismo, algunas personas tienen una predisposición genética a padecer enfermedades hepáticas relacionadas con el alcohol.
Las personas con una enfermedad del hígado pueden presentar un mayor riesgo de daños provocados por el alcohol.
Si el paciente ya padece hepatitis B, C o cirrosis hepática (por cualquier causa), es probable que su estado empeore con el consumo de alcohol.

¿Las personas que consumen mucho alcohol padecen necesariamente cirrosis hepática?
La mayoría de las personas que beben grandes cantidades de alcohol dañan el hígado, aunque no todos desarrollan cirrosis.
Es más probable que las mujeres que beben mucho y las personas infectadas por el virus de la hepatitis B o C padezcan problemas de hígado debido al alcohol.
La cirrosis alcohólica es de tipo micronodular, es decir se observan nódulos uniformes de dimensiones inferiores a 3 mm.
Cuando la cirrosis tiene su origen en el alcohol o los medicamentos también se denomina exotóxica.

Hepatitis y cirrosis hepática
La hepatitis es un término general que significa inflamación del hígado.
La hepatitis viral se refiere a una enfermedad infecciosa provocada por un virus como el de la hepatitis B o C.
La hepatitis crónica C es una causa común de cirrosis hepática. La hepatitis B también puede causar cirrosis, en cuyo caso los nódulos son más gruesos en comparación con la cirrosis alcohólica.
Con una de estas enfermedades, aumenta el riesgo de desarrollar cirrosis si se consumen bebidas alcohólicas.
La cirrosis hepática no puede transmitirse por contacto sexual, mientras que la hepatitis B y C sí son de transmisión sexual.

Esteatosis hepática
La esteatosis hepática no alcohólica (EHNA) es un trastorno caracterizado por la acumulación de grasa en el hígado.
Esta enfermedad es cada vez más común en niños con sobrepeso.
Generalmente, el hígado graso no produce dolor ni náuseas.

La esteatosis tiene su origen en el síndrome metabólico, que se caracteriza por:

  1. Obesidad – el 20% de las personas obesas presentan esteatosis hepática
  2. Triglicéridos y colesterol alto en la sangre
  3. Diabetes tipo 2

La esteatosis hepática crónica puede llevar a la esteatohepatitis no alcohólica, que es una inflamación del hígado con la formación de tejido cicatricial.
Con el tiempo, la esteatohepatitis puede conducir a la cirrosis hepática.
Las personas con esteatosis hepática presentan un mayor riesgo de padecer daños en el hígado si padecen hepatitis C.

Cirrosis criptogénica
Este tipo de cirrosis hepática tiene un origen idiopático, es decir se desconoce su causa.

Cirrosis hepática por enfermedades hereditarias
Algunas enfermedades hereditarias dañan el hígado, lo que provoca la formación de tejido cicatricial que puede contribuir a la cirrosis.
Entre estas enfermedades se encuentran:

  • Hemocromatosis – el cuerpo acumula hierro que puede dañar los órganos, incluyendo el hígado.
  • Enfermedad de Wilson – se acumula cobre en los tejidos del cuerpo.
  • Galactosemia – el cuerpo no es capaz de digerir la galactosa (un tipo de azúcar), se acumula en la sangre y puede provocar daños en el hígado.
  • Fibrosis quística – afecta principalmente a los pulmones, pero también puede provocar la fibrosis del hígado.
  • Deficiencia de Alfa-1 antitripsina – puede afectar a la respiración, pero también puede a la función del hígado y conducir a cirrosis e insuficiencia hepática.

Otras causas de cirrosis hepática

Cirrosis, hepática, ictericia, causas, hígado graso, alcohol.Existen otras enfermedades que pueden dar lugar a la cirrosis hepática, como por ejemplo:

Algunas enfermedades autoinmunes – las células inmunitarias atacan y dañan el hígado. Entre las enfermedad autoinmunes que pueden provocar cirrosis hepática se encuentran la hepatitis autoinmune y la colangitis esclerosante primaria (inflamación y cicatrización de los conductos biliares).

Los venenos – pueden dañar el hígado, ya que una de las principales funciones de este órgano es eliminar las toxinas de la sangre. Una exposición prolongada a las toxinas ambientales, tales como el arsénico, puede dañar el hígado y conducir a la cirrosis.

Esquistosomiasis – también denominada bilharziosis, se trata de una enfermedad tropical provocada por un gusano parásito llamado Schistosoma. El gusano se transmite a los seres humanos por medio de los caracoles. La esquistosomiasis crónica provoca daños en los órganos internos, incluyendo el hígado.

Algunos medicamentos (como los medicamentos empleados para controlar la arritmia cardíaca) – en casos raros pueden provocar cirrosis en personas sensibles.

Síntomas de la cirrosis hepática

Puede que los síntomas no se presenten hasta que no aparezcan las complicaciones de la cirrosis.
Muchas personas no saben que tienen cirrosis hasta que no se desarrollan las complicaciones.
Los síntomas más frecuentes de la cirrosis son:

  • Cansancio
  • Debilidad
  • Náuseas
  • Pérdida del apetito
  • Pérdida del deseo sexual, la cirrosis hepática reduce los niveles de testosterona en la sangre.
  • Ictericia – color amarillo de piel y ojos debido a la acumulación de bilirrubina en estos tejidos. La bilirrubina es un producto de degradación de las células viejas de la sangre que se encuentra en el hígado.
  • Fiebre
  • Vómito
  • Picor – por acumulación en la piel de productos de la eliminación de la bilis.
  • Abdomen hinchado por retención de líquidos.
  • Hinchazón de tobillos y piernas (edema) por retención de líquidos.
  • Confusión, delirio, cambios de personalidad o alucinaciones (encefalopatía) por acumulación de fármacos o toxinas en la sangre que afectan al cerebro.
  • Somnolencia extrema, dificultad para despertarse o coma – otros síntomas de la encefalopatía.
  • Hemorragias gingivales o nasales – debido a la producción alterada de los factores de coagulación.
  • Sangre en el vómito debido al sangrado de las varices provocado por congestión hepática.
  • Hemorroides – varices en el recto debido a la congestión hepática.
  • Pérdida de masa muscular (atrofia).
  • En los hombres, aumento del pecho (ginecomastia), hinchazón del escroto o testículos pequeños – debido a problemas en la producción de hormonas y al metabolismo.

Síntomas en fase avanzada o terminal
En las fases siguientes de la cirrosis, se puede vomitar sangre o tener heces negras y alquitranadas. Esto ocurre porque la sangre no consigue fluir correctamente a través del hígado, por lo que se produce un aumento de la presión en la vena que lleva sangre desde el intestino al hígado (vena porta).
El aumento de la presión arterial empuja la sangre hacia vasos más pequeños y frágiles que recubren el estómago y el esófago, formando venas varicosas.
Estos vasos pueden romperse por la presión arterial alta, provocando una hemorragia interna visible en el vómito y/o en las heces.
Con el tiempo, las toxinas, que normalmente son eliminadas por el hígado sano, pueden provocar insuficiencia de algunos órganos vitales, seguida de la muerte.

Complicaciones de la cirrosis hepática

Las complicaciones de la cirrosis hepática son:

Hipertensión portal. La cirrosis ralentiza el flujo normal de la sangre a través del hígado, aumentando la presión en la vena que conduce la sangre desde el intestino y el bazo hasta el hígado.

Hinchazón de piernas y abdomen. La hipertensión portal puede provocar la acumulación de líquido en las piernas (edema) y en el abdomen (ascitis).
El edema y la ascitis también pueden provocar la incapacidad del hígado para producir ciertas proteínas de la sangre.

Síndrome hepatorrenal. Este trastorno provoca insuficiencia renal, incluso si el paciente no tiene problemas renales (infecciones, efectos adversos de los fármacos, etc.).
La evolución puede ser de dos tipos: rápidamente progresiva si la insuficiencia renal se manifiesta dentro de los 15 días, o de progresión lenta si la insuficiencia renal se hace evidente después de al menos un par de semanas.

Infecciones. Con la cirrosis, el cuerpo puede presentar dificultad para combatir las infecciones.
La ascitis (acumulación de líquido en el abdomen) puede provocar peritonitis bacteriana, una infección grave.

Sangrado. La hipertensión portal puede llevar la sangre hacia las venas más pequeñas.
El esfuerzo por la carga adicional puede provocar la rotura de estas pequeñas venas, provocando graves hemorragias. La presión arterial alta puede provocar la vasodilatación de algunas venas y ocasionar hemorragias peligrosas en el esófago (varices esofágicas) o en el estómago (varices gástricas).

Malnutrición. La cirrosis puede hacer más difícil la digestión de las sustancias nutritivas. Como consecuencia, se produce debilidad y pérdida de peso.

Altos niveles de toxinas en la sangre (encefalopatía hepática). Un hígado dañado por la cirrosis no es capaz de eliminar las toxinas de la sangre. Las toxinas pueden provocar confusión mental y dificultad para concentrarse. Con el tiempo, la encefalopatía hepática puede conducir a la apatía o al coma.

Ictericia. La ictericia se produce cuando el hígado enfermo no elimina suficiente bilirrubina (un producto de degradación de la sangre) del flujo sanguíneo. La ictericia provoca una coloración amarillenta de la piel, ojos amarillos (esclerótica) y orina oscura.

Mayor riesgo de padecer cáncer de hígado.

Este artículo contiene información general que no se sustituye al examen médico, no se puede utilizar para diagnosticar o establecer un tratamiento. Hable con su médico antes de seguir las instrucciones contenidas en el sitio.