Antibioticos para infeccion

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Las píldoras de antibiótico curan las infecciones matando las bacterias o bloqueando su proliferación, por esta razón son uno de los medicamentos que más prescriben los médicos.

 

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El primer antibiótico que se utilizó fue la penicilina. Alexander Fleming la descubrió por casualidad en su laboratorio en St. Martin, en Londres.

 

Hoy en día existen más de 100 tipos de antibióticos para curar las infecciones.

Los antibióticos son muy eficaces contra una amplia gama de infecciones. Sin embargo, es importante recordar que solamente pueden curar las infecciones bacterianas. Los antibióticos no tienen eficacia contra las infecciones virales (por ejemplo, el resfriado común) ni contra las infecciones fúngicas (como por ejemplo la tiña).

 

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© diego cervo – adobestock.com

¿Cómo funcionan?

 

La función de los antibióticos es matar las bacterias que causan la enfermedad. Las bacterias son organismos unicelulares que tienen la capacidad de reproducirse dentro de nuestro cuerpo.

Algunas bacterias producen sustancias químicas que pueden perjudicar algunas partes del organismo. En una infección en el oído, por ejemplo, las bacterias atacan el oído interno y, mientras el cuerpo intenta resolver la causa del daño, los procesos naturales del sistema inmunitario causan una inflamación.

En este caso, es necesario tomar un antibiótico específico para matar las bacterias y eliminar la inflamación.

Por esta razón se dice que un antibiótico es un “veneno” selectivo.

Se utiliza para matar las bacterias peligrosas para el organismo sin dañar las células de nuestro cuerpo. Cada tipo de antibiótico afecta ciertas bacterias de manera diferente. Por ejemplo, puede inhibir la capacidad de la bacteria de transformar la glucosa en enegia, o puede alterar la capacidad de la bacteria de construir una pared celular. Cuando esto ocurre, la bacteria muere, en lugar de reproducirse.

Además, el antibiótico solamente afecta los mecanismos de vida de la bacteria y no los de las células normales.

 

¿Cómo deben tomarse los antibióticos?

Las dosis de los antibióticos pueden suministrarse de varias maneras: por vía oral (tabletas y cápsulas o jarabes), por vía tópica (cremas, lociones, espray o gotas), a través de inyecciones (inyecciones intramusculares o directamente en la sangre a través de un catéter).

La forma farmacéutica depende del tipo de la infección. A menudo, los antibióticos tópicos se utilizan para tratar las infecciones de la piel, mientras que los antibióticos por vía oral pueden utilizarse para tratar la mayoría de las infecciones de entidad leve a moderada.

Generalmente, las inyecciones o intravenosas están reservadas para las infecciones más graves y, a menudo, se realizan en el hospital.

Es muy importante que las personas completen el tratamiento prescrito por el médico, incluso si se sienten mejor antes de terminarlo, a menos que sea el médico quien diga que hay que suspenderlo. Si se suspende el antibiótico antes de lo debido, las bacterias pueden volverse resistentes al antibiótico.

 

Clasificación de los antibióticos

 

Según el mecanismo de acción, los antibióticos se dividen en:

  1. a) Antibióticos inhibidores de la síntesis de la pared celular, entre los cuales se encuentran Penicilina, Cefalosporinas, Fosfomicina y cicloserina.

Los antibióticos que actúa en la pared son: bactericidas, que afectan exclusivamente a los gérmenes en la fase activa de multiplicación.

  1. b) Antibióticos inhibidores de la síntesis de proteínas entre los cuales se encuentran los aminoglucósidos, las tetraciclinas, el cloranfenicol, los macrolidos.
  2. c) Antibióticos que inhiben el mecanismo de replicación y de transcripción de los ácidos nucleicos, entre los cuales se encuentran la rifamicina y las quinolonas.
  3. d) Antibióticos que alteran la membrana citoplasmática bacteriana o micótica como la polimixina.
  4. e) Antibióticos que actúan como antimetabólicos (sulfamidas, trimetoprima).

 

Las familias de los antibióticos más utilizados son:

  • antibióticos betalactámicos (que comprenden las penicilinas y las cefalosporinas de 1°, 2°, 3° y 4° generación).

 

Las penicilinas se utilizan con frecuencia para el tratamiento de algunas infecciones, de la piel, del tórax y del tracto urinario, por ejemplo, la cistitis se trata con penicilina.

El antibiótico más utilizado para la cistitis y para las infecciones de las vías urinarias es la amoxicilina.

Aproximadamente 1 de cada 15 personas tienen una reacción alérgica después de haber tomado este medicamento y un pequeño número de pacientes desarrolla una reacción alérgica grave (anafilaxis).

Otro problema que se deriva de utilizar estos medicamentos es que algunas cepas de ciertas bacterias se vuelven resistentes a los antibióticos.

 

Las cefalosporinas son antibióticos de amplio espectro, es decir, que son eficaces para el tratamiento de una amplia gama de infecciones, incluyendo algunas infecciones graves, como por ejemplo:

  1. septicemia – infección de la sangre
  2. pulmonía
  3. meningitis – infección de la capa protectora externa del cerebro y de la columna vertebral

Se utiliza con mucha frecuencia la Cefixima.

 

  • tetracilinas

 

Las tetracilinas son otro tipo de antibióticos de amplio espectro que pueden utilizarse para el tratamiento de una amplia gama de infecciones. Algunos nombres comerciales de este antibiótico son: Dameclociclina, Doxicilina, Minociclina.

Estos se utilizan normalmente para tratar una enfermedad llamada rosácea, que provoca sofocos en la piel y acné grave.

 

  • macrolidos

Los macrolidos son un tipo de antibióticos eficaces para el tratamiento de las infecciones pulmonares y del tórax.

También pueden ser una opción alternativa para las personas alérgicas a la penicilina o para el tratamiento de las bacterias resistentes a los antibióticos.

 

  • quinolonas

 

Son eficaces para el tratamiento de las infecciones de las vías urinarias, de las diarreas bacterianas, de las infecciones de los tejidos blandos, intraabdominales y de las vías respiratorias.

Entre estos antibióticos se encuentran: ciprofloxacina, norfloxacina.

 

  • aminoglucósidos

 

Los aminoglucósidos son un grupo de antibióticos bactericidas que se utilizan con frecuencia contras las enterobacterias gram negativas, son inhibidores irreversibles de la síntesis de proteínas. Algunos nombres comerciales de estos antibióticos son: Gentamicina (Diprogenta), Tobramicina (Bramitob) y Amikacina (Amicacina Braun, Amikacina Normon).

Los aminoglucósidos se absorben escasamente en el tracto gastrointestinal, por lo tanto, de suministran por vía intramuscular y por vía intravenosa.

Todos son ototóxicos y nefrotóxicos, especialmente si se utilizan para tratamientos de más de 5 días, con dosis elevadas, en pacientes ancianos.

A menudo, los aminoglucósidos se suministran junto con antibióticos betalactámicos para aumentar el espectro de acción.

 

Efectos colaterales

 

La mayoría de los antibióticos (excepto los aminoglcósidos) no causan problemas graves y los efectos colaterales son raros. Los efectos colaterales más comunes son:

 

  • sensación de malestar
  • enfermedades gastrointestinales como náuseas, vómito y diarrea
  • cefalea
  • vértigo
  • insomnio

 

Consideraciones e interacciones

 

Algunos antibióticos no son aptos para las personas que padecen ciertas enfermedades, para las mujeres embarazadas o las madres en la fase de lactancia materna.

Los antibióticos también pueden interactuar con otros medicamentos entre los cuales se encuentra la píldora anticonceptiva. Por esta razón, es muy importante consultar con el médico si se toman otros medicamentos.

Por ejemplo, la penicilina y la ampicilina interactúan con el jugo de toronja: el jugo de toronja puede reducir la absorción del antibiótico.

 

Las tetraciclinas interactúan con las sales minerales como el calcio, el magnesio y el aluminio y también con los productos lácteos y derivados de la leche: estos productos pueden reducir la absorción del antibiótico y esto, a su vez, disminuye la eficacia de los antibióticos.

Las tetraciclinas también interactúan con los anticoagulantes.

 

La eritromicina interactúa con la teofilina, un medicamento para el tratamiento del asma, aumentando los niveles hemáticos.

La eritromicina también interactúa con las estatinas, medicamentos para mantener el colesterol bajo control, aumentando el riesgo de dolores musculares e interactúa con los anticonvulsivos, como la carbamazepina, aumentando la eficacia de estos últimos.

Las fluoroquinolonas interactúan con las sales minerales como el calcio, el magnesio y el aluminio: estos pueden reducir la eficacia de los antibióticos.

 

Alcohol

El uso concomitante de antibióticos y alcohol puede causar efectos colaterales como el dolor de estómago, vértigo y somnolencia.

 

Es importante recordar que algunos medicamentos para el resfriado y los enjuagues bucales contienen alcohol y por lo tanto, hay que revisar la etiqueta para evitar tomar estos productos mientras se están tomando este tipo de antibióticos.

El alcohol no reduce la eficacia del medicamento, pero puede reducir la energía del paciente y retardar la recuperación de la enfermedad.

 

Resistencia

A menudo, los antibióticos se utilizan sin ninguna justificación, debido a la capacidad de los antibióticos de curar las enfermedades infecciosas que antes no podían curarse. En la mayoría de los países europeos, los antibióticos son los medicamentos más utilizados, después de los analgésicos.

Desafortunadamente, el uso excesivo e inadecuado en la medicina humana, en veterinaria y en la agricultura ha provocado un rápido aumento de los microorganismos resistentes a estos medicamentos. Por esta razón, muchos de los primeros antibióticos han perdido su eficacia o se han vuelto menos confiables, con el pasar del tiempo.

La resistencia a los antibióticos se deriva de la transferencia de las características de resistencia genética entre las bacterias de la misma especie o de especies diferentes. Generalmente, cuanto más se utiliza un antibiótico específico, más alto es el riesgo de que se produzcan fenómenos de resistencia hacia ese antibiótico y, por lo tanto, poco a poco se reduce su eficacia.

Para evitar esta resistencia, han sido creados antibióticos nuevos con características similares a los anteriores pero no idénticas. La eficacia de estos antibióticos permanece hasta que surgen nuevos fenómenos de resistencia.

Por esta razón, es muy importante continuar desarrollando antibióticos nuevos que ofrezcan un tratamiento eficaz contra las infecciones bacterianas que son particularmente agresivas.

 

¿Cuándo hay que tomar un antibiótico?

 

Los antibióticos son eficaces contra las infecciones bacterianas, pero no son eficaces contra los virus, los hongos o los parásitos.

Si se toma un antibiótico en caso de infección viral no se cura la enfermedad sino que aumenta la posibilidad de que se produzca resistencia.

 

Existen tres reglas fundamentales que hay que respetar, independientemente del tipo de infección, para utilizar de manera correcta los antibióticos y para obtener el mayor beneficio posible, sin correr riesgos y sin favorecer el desarrollo de microorganismos resistentes:

 

  • tomar los antibióticos solamente cuando son realmente necesarios y bajo prescripción médica;
  • utilizar el antibiótico más adecuado, y solamente la cantidad adecuada, durante toda la duración del tratamiento;
  • evitar un enfoque de “hágalo usted mismo”, incluso se el paciente piensa que sabe cómo curarse.

 

Los antibióticos no son muy eficaces para el tratamiento de las enfermedades por resfriado.

De hecho, casi siempre, la gripe, el resfriado, el dolor de garganta y la otitis están causadas por virus y no por bacterias.

Para combatir la gripe, los únicos métodos eficaces son el reposo en un ambiente cómodo, beber muchos líquidos, comer alimentos ligeros, comer frutas y verduras ya que aportan vitaminas, y utilizar medicamentos antipiréticos en caso de fiebre.

 

El médico puede recomendar los antibióticos solamente en casos especiales, por ejemplo para las personas que padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares crónicas o para prevenir o curar posibles infecciones bacterianas secundarias que están favorecidas por la presencia de la gripe (especialmente la pulmonía).

En caso de resfriado los antibióticos no son eficaces.

Si el fastidio por el resfriado persiste, pueden utilizarse descongestionantes nasales por no más de 4 o 5 días.

En la mayoría de los casos, el dolor de garganta también está causado por virus y puede tratarse con descongestionantes locales.

Únicamente en caso de que el dolor sea muy intenso, y si va acompañado de fiebre que persiste durante dos o tres días más allá del uso de antipiréticos, puede ser necesario un tratamiento a base de antibióticos.

La tos puede ser solo uno de los síntomas de la gripe o puede ser una enfermedad aparte.

En el primer caso, para el tratamiento de la tos son suficientes los remedios que ayudan a calmarla (sedantes de la tos) o que ayudan a eliminar el exceso de mucosidad en los bronquios (mucolíticos y expectorantes). Puede ser necesario recurrir a los antibióticos si existe el riesgo de una infección bacteriana, por ejemplo la bronquitis o la pulmonía.

 

¿Durante cuántos días hay que tomar el antibiótico? ¿Cuánto tarda en hacer efecto?

 

El periodo de tiempo durante el cual deben tomarse los antibióticos depende de la enfermedad y de las condiciones del paciente.

Generalmente, para las enfermedades agudas se requiere un ciclo que va de 5 a 10 días, mientras que para una enfermedad crónica hay que tomar los antibióticos por más tiempo.

El médico decide la duración del tratamiento dependiendo de la historia clínica del paciente y de los síntomas.

Antibioticos para infeccion ultima modifica: 2013-05-24T22:19:07+00:00 da Marina Marina