Vasculitis: diagnostico, tratamiento y alimentación

¿Cómo se diagnostica la vasculitis?

El médico especialista que trata este problema es el reumatólogo que debe realizar un examen físico y solicitar los análisis de laboratorio.
Los exámenes más comunes incluyen:

  • Biopsia, es la extirpación quirúrgica de una pequeña muestra de tejido para observarla en el microscopio. En la biopsia se intentan detectar las características de la inflamación y la necrosis fibronoide (material fibronoide eosinófilo). La presencia de estos elementos confirman un daño en el endotelio que puede llevar al desarrollo de una trombosis.
  • Angiografía, es un tipo de radiografía para identificar las anomalías de los vasos sanguíneos
  • Análisis de sangre con un conteo sanguíneo completo, la VSG y la PCR, factor reumatoide, ANCA y ANA

Para la mayoría de los pacientes, los médicos pueden detectar el tipo de vasculitis en función del tamaño de:

  1. Vasos sanguíneos
  2. Órganos afectados

La vasculitis de los vasos sanguíneos pequeños se diagnostica mediante una biopsia de la piel o del riñón.

Desventajas de la biopsia

  • Por lo general, la vasculitis afecta sólo a una porción del vaso sanguíneo. Por lo tanto, si para la biopsia se toma una muestra de una porción sana del vaso sanguíneo no es posible realizar el diagnóstico. Por esta razón, el médico debe tomar varias muestras de una misma vena o arteria.
  • Otra desventaja de la biopsia se refiere a que la vasculitis es discontinua, es decir, que se presentan períodos de remisión.

Para detectar la vasculitis de los vasos medianos se realiza la biopsia (por ejemplo de la piel, del nervio o cerebral) o la angiografía.

La angiografía también se utiliza para el diagnóstico de la vasculitis de los vasos grandes.

La angiografía está indicada para las zonas en que realizar una biopsia conlleva muchos riesgos:

  1. Cerebro
  2. Intestino
  3. Vasos sanguíneos como la aorta

Algunas formas de vasculitis como la enfermedad de Behcet y la enfermedad de Kawasaki se diagnostican sobre la base del examen físico sin necesidad de realizar la biopsia o la angiografía.

Si los resultados de algunos exámenes de sangre son positivos, esto indica un cierto tipo de vasculitis y es suficiente para ayudar a los médicos en el diagnóstico.
El análisis más útil es la prueba para los anticuerpos anticitoplasma de neutrófilos (ANCA).
El resultado positivo de la ANCA puede ayudar a diagnosticar estos tipos de vasculitis:

  • Granulomatosis con poliangeítis (de Wegener)
  • Poliangeítis microscópica
  • Granulomatosis eosinofílica con poliangeítis (síndrome de Chrug-Strauss)

Otras pruebas de laboratorio pueden mostrar daños en los órganos, pero no son suficientes para demostrar la vasculitis.

Tratamiento de la vasculitis

La recuperación de esta enfermedad es lenta, incluso si el pronóstico es favorable.
La recuperación puede tardar meses, un año o más. En la mayoría de los casos no es mortal si la persona afectada no ha desarrollado problemas renales, pulmonares o ambos.
Si la enfermedad se vuelve crónica, puede ser necesario un tratamiento a largo plazo.

 

Medicamentos para la vasculitis

El tratamiento depende del tipo de vasculitis, de la gravedad y del estado de salud del paciente.
Aunque algunos tipos de vasculitis son autolimitados y mejoran por sí solos (por ejemplo, la púrpura de Schönlein-Henoch), para los demás tipos, el médico puede recetar medicamentos.

Los casos leves o moderados se tratan con medicamentos:

  1. Antihistamínicos
  2. Antiinflamatorios no esteroideos

Los casos graves o complicados que pueden estar asociados con insuficiencia de otros órganos pueden tratarse mediante el empleo de corticoides para eliminar la inflamación.

Entre los medicamentos para la vasculitis se encuentran:

  • Corticosteroides (cortisona) para disminuir la inflamación. El tratamiento para muchos tipos de vasculitis consiste en ciertas dosis de un fármaco corticosteroide, como la prednisona o la metilprednisolona. Los efectos secundarios de la cortisona pueden ser graves, especialmente si se toman durante mucho tiempo. Por ejemplo, puede ocurrir un aumento de peso, la diabetes y osteoporosis. Se tendría que tomar la dosis más baja posible de esteroides para el tratamiento de esta enfermedad.
  • Medicamentos para modular el sistema inmunitario. Los casos graves de vasculitis o aquellos que no responden adecuadamente a los corticosteroides pueden requerir fármacos citotóxicos que destruyen las células del sistema inmunitario responsables de la inflamación.
    Los fármacos citotóxicos incluyen la azatioprina y la ciclofosfamida (Genoxal).
  • Otro medicamento que ayuda a reducir la respuesta del sistema inmunitario es el rituximab (Mabthera).
    Este medicamento está aprobado para el tratamiento de la granulomatosis con poliangeítis (de Wegener) y de la poliangeítis microscópica junto con los corticosteroides.
  • Los investigadores han demostrado la eficacia de los fármacos que alteran la respuesta inmune del organismo para tratar ciertos tipos de vasculitis.
    Los medicamentos utilizados que aún están en fase de prueba incluyen el micofenolato (CellCept), el infliximab (Remicade), el adalimumab (Humira) y anakinra (Kineret).

 

Dieta y alimentación para la vasculitis

Entre los tratamientos naturales para la vasculitis se encuentran las dietas saludables y realizar ejercicio físico con regularidad.
Según la dieta del grupo sanguíneo, algunos alimentos pueden causar una reacción negativa en el sistema inmunitario.
Específicamente, para evitar el desarrollo de la vasculitis hay que evitar el consumo de todos los cereales:

  • Con gluten (pan, pizza, pasta, galletas saladas, palitos de pan, galletas dulces, espelta, cebada, avena, kamut)
  • Sin gluten (arroz, mijo, maíz)

Si estos alimentos se originan en plantas gramíneas, tienen un alto índice de glucemia y a menudo también suelen provocar alergias.

Estos alimentos pueden ser reemplazados por:

  • Legumbres (fríjoles, garbanzos, arvejas, lentejas)
  • Patatas
  • Pseudocereales (quinoa y amaranto)

Hay que tener cuidado al consumir trigo sarraceno debido a que el organismo no siempre lo tolera de manera adecuada.

 

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