Hepatitis A: diagnóstico, tratamiento y pronóstico

Diagnóstico y exámenes para la hepatitis A

Los análisis de sangre se realizan para detectar la presencia del virus HAV en el cuerpo. Por lo general, la sangre se extrae de una vena del brazo y se envía a un laboratorio para su análisis.
El médico también puede analizar los signos y los síntomas experimentados con el fin de realizar un diagnóstico preliminar.
Si el paciente padece hepatitis A, los valores de GOT y GTP (transaminasas) en sangre son altos.

 

Tratamiento para la hepatitis A

No existe un tratamiento específico para la hepatitis A. Por lo general, este virus se desvanece por sí solo gracias a la acción del sistema inmunitario. La mayoría de las personas afectadas por la hepatitis A no necesitan ser hospitalizadas. Sin embargo, puede requerirse la hospitalización en caso de vómitos graves o deshidratación.
Una posible terapia puede centrarse en el tratamiento de los síntomas.
Durante el período de la enfermedad, es normal que el paciente esté más cansado, por lo que el médico puede recetar algunos medicamentos contra la fatiga/debilidad.
Para ayudar a aliviar el picor, se recomienda usar ropa amplia y evitar los baños o duchas calientes. Llevar una dieta pobre en alimentos grasos y sin alcohol puede ayudar a disminuir el malestar.
Antes de comenzar el tratamiento de la hepatitis A se recomienda repetir periódicamente los análisis de sangre para controlar la función hepática.
También es importante tener una excelente higiene personal con el fin de reducir el riesgo de contaminación a otras personas. Entre las prácticas recomendables, se encuentran lavarse bien las manos después de ir al baño, evitar la manipulación de alimentos y tener relaciones sexuales con protección. Se debe consultar al médico de cabecera para saber cuándo se pueden retomar las actividades cotidianas con seguridad.

 

Pronóstico para el paciente con hepatitis A

El virus de la hepatitis A no permanece en el cuerpo tras recuperarse de la enfermedad.
Más del 85% de las personas con hepatitis A se recuperan al cabo de 3 meses y casi todos los pacientes presentan una mejoría de los síntomas al cabo de 6 meses. El riesgo de muerte es muy reducido y, por lo general, afecta a personas con enfermedades hepáticas crónicas.

 

Prevención de la hepatitis A

La propagación de la hepatitis A puede reducirse a través de:

  1. Suministro adecuado de agua potable
  2. Eliminación adecuada de aguas residuales en las comunidades
  3. Prácticas de higiene personal, como lavarse las manos de forma regular con agua no contaminada

Existen varias vacunas disponibles a escala internacional. Todas son similares en términos de protección y efectos secundarios. No existen vacunas para los niños menores de un año.
Casi el 100% de las personas desarrolla niveles protectores de anticuerpos al cabo de un mes tras una única dosis de la vacuna. Incluso después de una exposición al virus, la administración de una sola dosis de la vacuna dentro de las dos semanas después del contacto con el virus tiene efectos protectores.
Los productores recomiendan al menos dos dosis de la vacuna para asegurar una protección a largo plazo (5-8 años).

Las vacunas se han administrado en todo el mundo, sin efectos secundarios graves.
La vacuna se puede administrar como parte de los programas regulares de vacunación de la infancia y combinada con otras vacunas para los viajeros.

 

Hepatitis A: causas , síntomas y contagio