Hepatitis B: diagnóstico, tratamiento y alimentación

Diagnóstico de hepatitis B

Si el médico sospecha que el paciente tiene hepatitis B, deberá realizar un chequeo completo y controlar los análisis de sangre para evaluar la función hepática.
La hepatitis B se confirma con los análisis de sangre que muestran los marcadores virales de hepatitis, es decir los antígenos (Ag) y anticuerpos (Ac) para combatir el virus.
Los anticuerpos en la sangre se observan aproximadamente dos meses después de la curación.
Los marcadores y las enzimas hepáticas (GOT o transaminasas) permiten determinar el estado de la infección (aguda, crónica, portador sano, inmunidad por vacunación, etc.)
Si la enfermedad se vuelve crónica, se puede efectuar una biopsia de hígado (muestra de tejido) para determinar la gravedad.

 

¿Cuál es el tratamiento para la hepatitis B?

Si se acude al médico en las dos semanas tras la exposición a la hepatitis, se puede administrar una vacuna inmediata y una inyección de inmunoglobulina contra la hepatitis, que sirve para fortalecer el sistema inmunitario y combatir la infección.
Cuando se contrae el virus, suele requerirse un reposo en la cama para recuperarse lo antes posible.
Algunos médicos aconsejan llevar una dieta con alto contenido en calorías y grasas. Asimismo, recomiendan comer tanto como sea posible a pesar de las náuseas.

Además, las personas infectadas con hepatitis B deben evitar el consumo de alcohol o paracetamol, ya que pueden dañar el hígado.
Es recomendable consultar con el médico antes de tomar cualquier otro medicamento, remedios a base de hierbas o suplementos, ya que algunos de éstos pueden empeorar la enfermedad.
Si la hepatitis persiste durante más de seis meses en un estado activo (hepatitis B crónica activa) el médico puede prescribir un tratamiento más agresivo.
Si la infección no está activa (estado de portador sano) el médico debe mantener al paciente bajo control.

El tratamiento de las personas con hepatitis crónica incluye una combinación de fármacos, entre los que se encuentran:

  • Interferón. Fármaco que fortalece el sistema inmunitario y que debe inyectarse durante al menos 6 meses.
    Este medicamento no cura la enfermedad, pero mejora la inflamación del hígado. El interferón de acción prolongada (interferón pegilado) ha demostrado su eficacia.
    El interferón tiene algunos efectos secundarios y adversos, como por ejemplo:

    • Malesta
    • Depresión
    • Pérdida de apetito
    • Posible reducción del número de glóbulos blancos
  • Epivir. Este fármaco se administra por vía oral una vez al día. Generalmente, el fármaco presenta un grado de tolerancia elevado. Pueden producirse mutaciones virales después de un uso prolongado.
  • Hepsera. Este medicamento funciona bien en personas cuya enfermedad no responde al Epivir, si bien en dosis altas puede provocar problemas renales.
  • Baraclude. Éste es el medicamento más reciente para la hepatitis B.
  • Viread. Si se toma este medicamento es necesario controlar la función renal.

 

Trasplante de hígado y hepatitis b

Para algunas personas con cirrosis hepática avanzada, el trasplante de hígado puede ser una opción.
Aunque se trata de una operación importante, el pronóstico después de un trasplante de hígado puede ser muy bueno. Sin embargo, el nuevo hígado puede verse dañado por una infección persistente (crónica) por hepatitis B.

 

Alimentación para la hepatitis B, dieta y alcohol

Según la medicina convencional, la personas con hepatitis B crónica deberían llevar una dieta sana y equilibrada.
Las personas con inflamación hepática no deben beber alcohol.
Si ya se sufre inflamación hepática ,el alcohol aumenta el riesgo y la velocidad de desarrollo de la cirrosis.

De acuerdo con la dieta del grupo sanguíneo del Dr. D’Adamo se puede vivir con el virus y eliminarlo con una dieta saludable, donde se deben excluir:

  • Leche y productos lácteos
  • Cereales con gluten
  • Carne de cerdo y productos de charcutería
  • Alimentos fritos
  • Bebidas alcohólicas

Las teorías higienistas de  H. Shelton y M. Lazaeta también afirman que se deben eliminar estos alimentos de la dieta y recomiendan, además, un ayuno de 2 a 4 días durante la fase aguda, hasta que pase el malestar. A continuación, se debe seguir una dieta vegana y crudista, vivir lo máximo posible al aire libre (aunque haga frío) y realizar ejercicio físico.

 

¿Cuándo es necesario vacunarse contra la hepatitis B?

Niños y adolescentes
Todos los niños deben recibir la primera dosis de la vacuna contra la hepatitis B al nacer y completar la serie de vacunas de los 6 a los 18 meses de edad.
Todos los niños y adolescentes menores de 19 años que no hayan sido vacunados deben hacerlo.

Como ninguna vacuna tiene una eficacia del 100%, es posible contraer la infección por hepatitis B incluso después de terminar el ciclo de vacunación.

Programa de vacunación
La vacuna está disponible en el hospital o en las clínicas locales.
Se requieren tres inyecciones para completar la vacunación, aunque existe una serie acelerada de dos dosis para los adolescentes.

  1. Primera inyección – en cualquier momento
  2. Segunda dosis de recuerdo – al menos un mes después de la primera dosis
  3. Tercera dosis de recuerdo – seis meses después de la primera dosis

Los efectos secundarios de la vacuna
Los efectos secundarios más frecuentes son dolor, hinchazón y enrojecimiento en el punto de la inyección. La vacuna no se recomienda para las personas con alergia a la levadura o con un historial clínico de reacción adversa a la vacuna.

La vacuna para la hepatitis B se considera una de las más seguras y eficaces jamás realizadas. Los centros de control de la enfermedad, la Organización Mundial de la Salud y otras asociaciones médicas profesionales han realizado numerosos estudios sobre la seguridad de la vacuna.
No hay evidencia de que la vacuna provoque muerte infantil súbita, esclerosis múltiple u otros trastornos neurológicos.

Adultos
Los adultos en riesgo de infección por hepatitis B, o aquellos que deseen ser vacunados, deben consultar con el médico para comenzar la serie completa de vacunas.

 

Hepatitis B: factores de riesgo y síntomas