Síndrome femoropatelar o de hiperpresión rotuliana

El síndrome femororrotuliano es una enfermedad que afecta a la articulación entre el fémur y la rótula, y está caracterizada por hipertensión de la rótula hacia fuera o hacia adentro, es decir, que la rótula no está alineada.

Durante el movimiento de flexión de la rodilla, la rótula se desplaza a lo largo de un canal que se encuentra entre dos cóndilos femorales que se adapta a la forma de la rótula, de esta manera, el movimiento se produce de manera continua y sin dolor, con la menor cantidad de fricción.

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Movilización de la rótula y pruebas para el síndrome femororrotuliano

Una alteración anatómica (como por ejemplo una rotación de la tibia o un genu valgo excesivo) pueden modificar la parte biomecánica de la articulación y, por lo tanto, el paciente está predispuesto a desarrollar el síndrome femororrotuliano.

En esta enfermedad, la rótula está desplazada hacia afuera respecto a su posición anatómica natural y, al moverse, roza con un cóndilo femoral creando bastante fricción.

El síndrome femororrotuliano puede ser unilateral, pero a menudo es bilateral (afecta a ambas rodillas).

Afecta sobre todo a las mujeres y a los deportistas, especialmente a los saltadores y a los corredores debido a que sobrecargan la articulación flexionando la rodilla de manera reiterada.

 

¿Cuáles son las causas del síndrome femororrotuliano?

 

Este síndrome puede estar causado por alteraciones óseas, por traumatismos o por la retracción o relajación de los ligamentos, en el caso de relajación se habla de hiperpresión rotuliana.

El dolor de rodilla debido al síndrome femororrotuliano está causado por la inflamación del cartílago articular entre los dos huesos, llega medir alrededor de 5 o 6 milímetros de espesor.

Esta alteración en la alineación puede estar causada por varios factores:

 

  1. Intrarrotación del fémur o rotación externa de la tibia.
  2. Valgo de rodilla.
  3. Aplasia de los cóndilos femorales, que conlleva a una subluxación de la rótula.
  4. Displasia o hipoplasia rotuliana.
  5. Alteraciones de la forma de la rótula.
  6. Pie pronador.
  7. Ángulo “Q” (el ángulo que se forma entre dos líneas imaginarias que se trazan de la siguiente manera: la primera desde la espina ilíaca anterior superior hacia el centro de la rótula y la segunda desde el centro de la rótula hasta el tubérculo tibial). El ángulo Q es mayor de 10° en los hombres y mayor de 15 ° en las mujeres.
  8. Traumatismos directos o indirectos.
  9. Debilidad del músculo vasto medial respecto al músculo vasto lateral.
  10. Retracción de la banda iliotibial, del bíceps femoral o del ligamento alar externo.

 

¿Cuáles son los síntomas del síndrome femororrotuliano?

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Rodilla vista anterior con el Tendón rotuliano en transparencia.
© axel kock – Fotolia.com

El síntoma más importante y que siempre se manifiesta es el dolor entre la rótula y el fémur, especialmente en la zona medial de la rodilla.

Los síntomas se perciben:

 

  • Durante la flexión,
  • Cuando el paciente se pone de pie después de haber permanecido sentado por mucho tiempo,
  • El movimiento puede provocar crepitaciones articulares (crujido de la rodilla).

 

En algunos casos puede observarse la rodilla hinchada, es decir, la inflamación de las estructuras posteriores y superiores de la rótula: bolsa sinovial, tejido adiposo.

El dolor referido también puede percibirse en todo el muslo.

Algunos pacientes que no se someten inmediatamente a tratamiento, pueden desarrollar rigidez y limitación del movimiento articular, además de la debilidad del cuádriceps.

Los síntomas no se manifiestan en reposo, pero a menudo permanecer en posición sentada puede ser muy doloroso.

Generalmente, correr es uno de los deportes que provoca mayor dolor.

El ciclismo puede causar algunas molestias debido a que, en bicicleta, la rodilla debe doblarse más de 90°.

 

Diagnóstico del síndrome femororrotuliano

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Resonancia magnética de una rodilla con la rótula en hiperpresión externa que provoca el síndrome femororrotuliano, vista desde arriba

 

Es necesario que el diagnóstico sea realizado por un médico especialista quien, tras haber revisado la historia clínica, ejerce presión sobre la rodilla del paciente para encontrar el lugar exacto del dolor de rodilla y de la hinchazón.

El diagnóstico diferencial permite distinguir este síndrome de la tendinitis del Rotuliano y de la condropatía – condromalacia.

Al observar con atención mientras el paciente dobla la rodilla puede observarse un desplazamiento lateral de la rótula.

Se compara el miembro sano con el miembro afectado para observar si existen diferencias cuando el paciente se encuentra de pie o mientras camina.

Después, el médico realiza una prueba de compresión que consiste en ejercer presión sobre la rótula mientras la rodilla pasa de la posición de máxima extensión a la de máxima flexión. El resultado de la prueba es positivo si se producen ruidos como las crepitaciones articulares o si se percibe dolor, es decir, cuando hay un marco compatible con el desgaste del cartílago.

Si el paciente percibe los síntomas durante la flexión de la rodilla o durante el estiramiento del cuádriceps, puede que padezca el síndrome femororrotuliano. En caso de dudas, el médico especialista puede ordenar una radiografía lateral con la pierna en posición flexionada sobre el muslo formando varios ángulos o una resonancia magnética que también muestre si ha habido una reducción del cartílago.

 

El dolor en la parte posterior de la rodilla no está causado por el síndrome femororrotuliano.

 

¿Qué hay que hacer? ¿Cuál es el tratamiento más adecuado?

 

En los casos graves que incluyen una luxación de la rótula o un alineamiento incorrecto debido a malformaciones de los huesos, puede ser necesario someterse a una intervención quirúrgica en artroscopia. Por otro lado, si el desplazamiento más externo de la rótula se debe únicamente a una falta de equilibrio de los tendones y de los músculos, el tratamiento más adecuado es la fisioterapia y los ejercicios en el gimnasio.

 

La terapia farmacológica incluye las infiltraciones de ácido hialurónico en la articulación de la rodilla, generalmente, se completa un ciclo de 3 sesiones.

Pueden tomarse medicamentos antiinflamatorios no esteroideos para reducir los síntomas de manera temporal.

 

El tratamiento que recomienda el especialista es un tratamiento personalizado teniendo en cuenta el dolor del paciente y la posibilidad de que realice ejercicios de refuerzo muscular.

Los objetivos de la terapia son reducir el dolor y la inflamación, recuperar las funciones de la rodilla, realinear la rótula, reforzar algunos músculos y que los atletas puedan volver a realizar actividades deportivas.

 

En la fase aguda el paciente debe mantener el miembro afectado en reposo y evitar el entrenamiento físico y las demás actividades que empeoran el dolor. Puede realizarse crioterapia y mantener la pierna en reposo durante algunos días.

El médico puede recomendar que se utilice un aparato de soporte para mantener la rótula en posición central dentro de la fosa intercondílea o también puede recomendar un vendaje McConnell, aunque su eficacia a la hora de mantener la rótula en su eje no está reconocida a nivel mundial.

Después de los primeros dos o tres días, se recomienda comenzar la terapia física para eliminar el dolor y la inflamación. Para este fin los mejores resultados se obtienen a través de la Magnetoterapia y la Tecar ®.

 

Si el paciente no logra doblar la rodilla debido al dolor, se recomienda una terapia para mantener el tono y el trofismo de los músculos que están implicados en la articulación de la cadera y del tobillo, además de los de todo el miembro inferior sano.

 

En los casos graves que incluyen una luxación de la rótula o un alineamiento incorrecto debido a malformaciones de los huesos, puede ser necesario someterse a una intervención quirúrgica en artroscopia. Por otro lado, si el desplazamiento más externo de la rótula se debe únicamente a una falta de equilibrio de los tendones y de los músculos, el tratamiento más adecuado es la fisioterapia y los ejercicios en el gimnasio.

 

La terapia farmacológica incluye las infiltraciones de ácido hialurónico en la articulación de la rodilla, generalmente, se completa un ciclo de 3 sesiones.

Pueden tomarse medicamentos antiinflamatorios no esteroideos para reducir los síntomas de manera temporal.

 

 

El tratamiento que recomienda el especialista es un tratamiento personalizado teniendo en cuenta el dolor del paciente y la posibilidad de que realice ejercicios de refuerzo muscular.

Los objetivos de la terapia son reducir el dolor y la inflamación, recuperar las funciones de la rodilla, realinear la rótula, reforzar algunos músculos y que los atletas puedan volver a realizar actividades deportivas.

 

En la fase aguda el paciente debe mantener el miembro afectado en reposo y evitar el entrenamiento físico y las demás actividades que empeoran el dolor. Puede realizarse crioterapia y mantener la pierna en reposo durante algunos días.

El médico puede recomendar que se utilice un aparato de soporte para mantener la rótula en posición central dentro de la fosa intercondílea o también puede recomendar un vendaje McConnell, aunque su eficacia a la hora de mantener la rótula en su eje no está reconocida a nivel mundial.

Después de los primeros dos o tres días, se recomienda comenzar la terapia física para eliminar el dolor y la inflamación. Para este fin los mejores resultados se obtienen a través de la Magnetoterapia y la Tecar ®.

 

Si el paciente no logra doblar la rodilla debido al dolor, se recomienda una terapia para mantener el tono y el trofismo de los músculos que están implicados en la articulación de la cadera e del tobillo, además de los de todo el miembro inferior sano.

 

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Kinesiotapping para el síndrome femororrotuliano: Acción: estabilizante. Forma: una tira en forma de “I”. Dimensiones: 15 cm. Doblar la rodilla formando un ángulo de 20° o 30 ° y colocar la parte central de la tira sobre el margen externo de la rótula, hacia la parte interna de la rodilla.

Una opción alternativa al kinesiotapping es utilizar una rodillera ya que mantiene la rótula en su posición normal, pero el paciente no siempre la tolera.

Las plantillas ortopédicas pueden ayudar en este caso ya que mejoran el alineamiento de los tobillos y de las rodillas

 

Cuando el paciente es capaz de realizar los ejercicios en el gimnasio hay que comenzar inmediatamente un programa de elongación de los músculos externos y de refuerzo muscular del músculo vasto medial oblicuo.

Después de haber realizado un calentamiento adecuado, se comienza el estiramiento de la pantorrilla (músculo gastrocnemio y sóleo) debido a que una retracción puede causar el pie pronador y, por lo tanto, empeora el cuadro clínico.

Si la pronación del pie es la causa del síndrome femororrotuliano, el ortopedista recomienda el uso de una plantilla o de zapatos adecuados.

 

Existen varios tratamientos para el síndrome femororrotuliano, entre estos se recomienda el estiramiento de los músculos isquiocrurales, del tensor de la fascia lata y de la banda iliotibial.

El paciente o el terapeuta también estiran el retinaculo externo y el ligamento alar lateral que “halan” la rótula hasta sacarla de su posición anatómica normal. Hay que presionar la rótula hacia adentro.

 

El refuerzo muscular es la parte más importante del tratamiento debido a que un desequilibrio entre los músculos del cuádriceps es la causa principal de la hiperpresión externa de la rótula.

Para reforzar únicamente el músculo vasto medial sin necesidad de contraer el músculo vasto lateral, es necesario realizar los ejercicios con algunas variaciones.

Ante todo, la rodilla no debe doblarse demasiado, el movimiento debe realizarse formando un ángulo de 0° – 30° al doblar la rodilla, además, también es necesario contraer los músculos abductores del muslo ya que de esta manera se relaja el músculo vasto lateral.

 

La primera etapa de la rehabilitación debe realizarse a través de ejercicios de cadena cinética cerrada (con el pie en posición fija) o de ejercicios de modalidad isométrica, de pie, con las rodillas dobladas y con la espalda contra el muro o con una fitball durante 20 o 30 segundos.

 

 

 

 

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Leg press apretando la pelota de goma, flexión máxima 30°.

 

Generalmente, se comienza de una vez con la leg press y realizando pequeñas sentadillas, teniendo en cuenta que siempre hay que mantener los talones más cercanos entre ellos, respecto a las puntas de los pies.

El refuerzo muscular debe realizarse por medio de muchas repeticiones, pero con poco peso. Yo generalmente recomiendo 20 repeticiones por cada serie de ejercicios.

Para mantener contraídos los músculos abductores del muslo, recomiendo apretar una pelota de goma entre las rodillas.

En la segunda etapa pueden incluirse ejercicios de cadena cinética abierta, es decir, con el pie libre de moverse durante la realización de los ejercicios. En este caso, únicamente durante la última parte del movimiento debe realizarse la contracción de los músculos abductores y con el pie supinador.

Generalmente, el ejercicio que se realiza en el gimnasio es la extensión de pierna (leg extension) con peso o con una banda elástica, que tiene la ventaja de se vuelve más rígida justo en los últimos grados del movimiento.

 

Algunos autores recomiendan inclinar el busto hacia adelante para no ejercitar en músculo recto femoral, de esta manera se utiliza de manera más selectiva el músculo VM. Yo prefiero evitar inclinar el busto para no causar o empeorar el dolor de espalda.

Algunos ortopedistas recomiendan realizar ejercicios propioceptivos sobre tablas inestables para reforzar el vasto medial.

 

 

 

 

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Extensión de piernas con banda elástica

 

 

¿Cuánto tiempo hay que esperar antes de volver a practicar deportes? ¿Y cuánto tiempo tarda la recuperación completa?

 

Teniendo en cuenta que no es posible dar un pronóstico que sea válido para todas las personas debido a que cada paciente responde a la terapia a su manera, generalmente, los pacientes que no deben someterse a una intervención deben esperar por lo menos dos meses antes de que desaparezca el dolor y puedan volver a competir, pero deben seguir reforzando los músculos para evitar recidivas.

 

Para retomar las actividades normales sin sentir dolor o con muy poco dolor, si no se presentaban limitaciones articulares, la recuperación tarda dos semanas, en las cuales se realiza un ciclo de fisioterapia instrumental específica.

Si el paciente ni siquiera logra doblar la rodilla a 90°, el tiempo de recuperación el más largo.

 

Generalmente, está permitido nadar, pero se recomienda evitar el estilo rana.

 

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